Inmediatamente después de la lectura del palmarés de la 47ª edición del Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya, su director Ángel Sala apuntó dos cosas a retener: la muerte de la crónica tal y como la conocemos, y el propósito del festival de reducir el número de películas a competición para, sin traicionar su espíritu, consolidar su diversidad. No podemos estar más de acuerdo con todo. Sitges se ha convertido en la Gorgona de Furia de Titanes, un monstruo que amenaza con petrificar a quien lo mire de frente, por lo que es mejor serpentear por sus “otras cabezas”. Por eso nos sorprendió la inclusión a última hora (justificada por un error de comunicación) de las últimas películas de Godard y Cronenberg en la sección competitiva, hasta completar así un total de 40 filmes a concurso, número inabarcable que además, inevitablemente, acabó dando cobijo a algunos títulos mediocres. Mientras tanto, secciones como Noves Visions o Seven Chances resultan cada año más potentes, por lo que es una lástima que muchas propuestas interesantes programadas en ellas, y que probablemente nunca lleguen a estrenarse, acaben descartadas por el crítico de turno, por el mero hecho de no competir.