El pasado 10 de abril un holograma de unos manifestantes delante del Congreso de los Diputados de Madrid se convirtió en la imagen de la resistencia (como acto revolucionario) más significativa de los últimos tiempos. La resistencia del pueblo oprimido y, de alguna manera, la del propio cine. Amordazados por leyes abusivas (el 21% del IVA) o abiertamente represoras (la irónicamente llamada Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana), la sociedad y el arte de la imagen en movimiento mostraron su inconformismo, sus restos fantasmáticos que, al mismo tiempo, son sus nuevas armas. Un cine sin sala, sin pantalla, sin butacas, sin público, y sin embargo combativo.

 

En este número de Cinergia os proponemos

diferentes reflexiones sociopolíticas a partir de Citizenfour (el aparato de control), Ciutat morta (la corrupción urbanística) o la serie The Wire (las relaciones de poder). Pantallas vaciadas (en blanco o en negro) que trascienden sus límites para implicar al espectador (Fuerza mayor entre otras). Rendiciones a la sociedad del espectáculo, el lado oculto de una imagen mítica: la de la mujer perfecta construida por el capitalismo salvaje (Perdida, El lobo de Wall Street). Y sendas inmersiones en el cine de Denis Côté, donde la naturaleza forma cortinas que esconden un refugio mental, y en el de Frederick Wiseman, cuyo método de trabajo demuestra que su cine, si no todo el cine, le debe mucho a Sherlock Holmes. Un número doble para compensar una larga ausencia. Un silencio roto por unas voces apasionadas que rastrean en la imagen

indicios para la (nueva) lucha.