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Estols

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Estols, primera película de Xavier Moreno, fotógrafo y video artista que conoce muy bien la naturaleza, el paisaje y la montaña, es un film que provoca preguntas y sensaciones que este texto no quiere más que apuntar.

 

La primera pregunta surge al principio del film, cuando aún no sabemos nada de lo que va a pasar. ¿Quiénes son esas dos figuritas que parecen caminar por la línea del horizonte entre el cielo y la tierra? ¿Qué hacen allí? ¿Por qué están en esa montaña recortada contra las nubes? La escena, la secuencia, dura casi dos minutos en los que podemos imaginar cualquier historia, mientras vemos las figuritas diminutas caminando en el silencio de la montaña.

 

La imagen cambia. Estamos en un campo donde un pequeño grupo de hombres y mujeres encienden hogueras para calentarse. No sabemos quiénes son. Y de pronto, una voz profunda, en una lengua africana, empieza a contar un cuento. El cuento de una cabra, una oveja, un burro, un camello y una tortuga que deciden vivir juntos en un pueblo donde cada uno de ellos contribuye a la prosperidad de todos, un espacio de convivencia entre seres distintos. Un día, la cabra se encuentra con la hiena en el río y le habla del poblado feliz. La hiena se lo cuenta al león y… ¿Qué hace este cuento en esta película? ¿Tiene un significado concreto?

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Y surge una nueva pregunta cuando vemos la tercera secuencia, una ventana con los porticones cerrados. Se escuchan pisadas de militares y sirenas de alarma. Una joven mira entre las rendijas. ¿Quién es esta mujer? ¿Será una de las figuritas que caminaban por la montaña? Y los soldados, ¿serán el león y la hiena que han llegado a la ciudad? La mujer se prepara para huir. ¿A dónde irá?

 

Estas tres secuencias: la montaña, el cuento, la mujer en la ventana, son las claves de un relato que nos habla de un viaje físico y emocional, lleno de sensaciones. La montaña es el marco físico de la historia, los bosques, el río, las nubes, la lluvia en los caminos que cruzan paisajes humanizados y paisajes salvajes, caminos que unen, caminos que separan. Sensualidad y naturaleza se confunden en una sinfonía de movimiento y de sonidos vistos, sentidos, escuchados, trinos de los pájaros, murmullos de las hojas mecidas por el viento…

 

La frontera es el viaje emocional. Las fronteras, ¿separan o unen? Hay muchas fronteras que salvar en este cuento. La frontera entre dos países, tan ficticia, tan irreal, tan inútil; la frontera entre dos mundos, el del miedo, el de la libertad; la frontera entre la guerra de la que hay que escapar y la paz que queremos alcanzar. Pero también las fronteras del lenguaje, entre la palabra y la imagen, entre la leyenda y la realidad, entre el cine y el ensayo. Porque este film que cruza fronteras es un ensayo narrativo, un cuento atemporal encarnado en dos figuritas en el paisaje.

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Estols es un film de sensaciones que nos lleva a pensar en la belleza de los cuadros románticos de Caspar David Friedrich. Pero no solo sus preciosos paisajes de montañas boscosas o nevadas, algunos de ellos con figuritas recortadas en el horizonte. También evoca a Friedrich la imagen de la joven mirando por los porticones, aunque en el cuadro del pintor alemán lo que se ve desde la ventana no es una imagen de desolación y violencia, sino la promesa de un verde reparador. El film es un viaje/huida que nos recuerda el viaje/huida de Walter Benjamin por los Pirineos en una travesía que pudo ser como ésta. Y Benjamin y su viaje, tan parecido, tan diferente al de las dos protagonistas de esta historia, nos conduce al exilio y el desarraigo. Quizás el tema principal de Estols sea ese: el exilio que provoca la irrupción de los leones y las hienas, el desarraigo que produce la huida. El exilio conecta los hilos narrativos que el film esboza en sus tres primeras secuencias.

 

Estols es un cuento hecho de las memorias de muchas personas que han tenido que pasar, cruzar, huir. La idea de leyenda es la que explica la extrañeza de los tiempos, ¿cuándo sucede, cuando sucedió, cuando sucederá? Pasó hace años, sigue pasando ahora mismo y pasará siempre. Se puede hablar de muchas maneras del drama de los refugiados que huyen de la violencia. Esta película escoge una forma de hacerlo armoniosa y física, muy física. Caminar, sentir, transformarse poco a poco.

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La historia se inspira lejanamente en la figura de Otilia Castellví, una modista del barrio de Gracia que en 1939, al final de la guerra civil, huyó de Barcelona y pasó la frontera francesa cruzando los Pirineos guiada por un “pasador” del que no se sabe nada. El film se ha rodado en los mismos caminos de los Pirineos que ella atravesó, pero no es, en ningún momento, una recreación realista de ese viaje. Sus protagonistas son dos mujeres jóvenes, Mar Serinyà Gou, la joven que huye, la refugiada, la exilada, es una artista licenciada en Bellas Artes con una tesis sobre Euritmias, una palabra griega que significa “El hecho de moverse de modo armonioso y buscando la belleza”; Piròmana d’Argos, la extraña “pasadora”, la guía que la conduce por los caminos de la montaña, es una videoartista, con un mundo muy especial, que se define a sí misma como “artista transdisciplinaria que desarrolla su labor como 'espeleóloga de las cavernas subcutáneas y poeta muscular'”. Es probable que Xavier Moreno las escogiera para estos personajes precisamente por su capacidad de escuchar sus cuerpos y crear una armonía con el ritmo y los sonidos de la naturaleza.

 

Estols es un film que invita a adentrarse en los caminos de la montaña, pero también en los de la memoria y los del exilio.

© Nuria Vidal, septiembre 2023

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