YOUR FACE. TSAI, DELEUZE Y BUDA.

Introducción: Del muro al monje.

 

Hace ya seis años que el malayo Tsai Ming-Liang anunció un prematuro retiro y nos dejó, literalmente, mirando un muro en Stray Dogs (2013). Al final resultó que lo que daba por concluida era tan solo una expresión tradicional (cuesta escribir esto en su caso) de ficción cinematográfica. Aunque, como mínimo desde The Hole (1998) –una instalación en potencia que mostraba dos pisos conectados por un agujero en el techo (o suelo, según se mire)- sus películas siempre tuvieron un cierto espíritu museístico, fue a raíz de su intervención en la sala de cine Fun Ho de Taipei, y la consecuente filmación de Goodbye Dragon-Inn (2003), que Tsai empezó a compaginar películas de cine con otros trabajos destinados a exhibirse en museos y galerías de arte. Stray Dogs, aparentemente, cerró esa etapa bidireccional. Desde entonces la obra cinematográfica de Tsai se había limitado a un conjunto de cortos y mediometrajes protagonizados por un monje budista (en realidad su actor fetiche, Lee Kang-sheng) que camina a paso de tortuga: lo que se ha dado a conocer como "la serie Walker".

Una obra singular pero coherente.

 

Your Face (2018) supone un interesantísimo desvío que, por una parte, prosigue la senda del slow cinema, pero que también retoma y propulsa algún elemento fundamental de su cine más reconocible. El filme consiste en una docena de retratos, la mayoría de personas de avanzada edad que, en varios casos, se limitan a permanecer silentes ante la cámara. Por supuesto, se han citado los “Screen Tests” de Warhol o Les Hautes Solitudes (1974) de Phillippe Garrel, a los que podríamos añadir algunos trabajos de Mekas o Brakhage. Cierto que podemos encontrar algún paralelismo, por ejemplo con los “Screen Tests” warholianos, especialmente en la voluntad de confrontar la mirada del retratado con la del espectador, así como en la lucha del primero por no convertirse en un actor. Sin embargo, lejos del glamour intelectual que desprenden los trabajos de Warhol o Garrel, Tsai se aproxima a una serie de desconocidos con enorme calidez y respeto. Pero es que, además, lo que propone Your Face escapa totalmente de los retratos generacionales mencionados, revelándose a la postre como una reflexión sobre el tiempo y, probablemente, sobre el propio cine.

Decíamos que los retratados son desconocidos. No es del todo cierto. El último de todos, Lee Kang-sheng, es el actor habitual de Tsai, su alter ego o, como se ha dicho tantas veces, su Jean-Pierre Léaud, por permitirle, como Léaud a Truffaut, la oportunidad de filmar el paso del tiempo a través de su cuerpo. Lee es de los retratados que optan por hablar y, no en vano, lo hace recordando su tiempos mozos y hablando con nostalgia de su padre. "Ya no soy joven", afirma. El actor ha cambiado, pero también nosotros. Al mirar con atención se despierta en el espectador la conciencia de que, a su vez, también puede ser mirado y, lo que es más, que en lo que mira puede verse a sí mismo, como en un espejo.

En este punto empezamos a ver la conexión de Your Face con obras anteriores de Tsai, como Goodbye Dragon-Inn, en la que dos actores reales (Miao Tien y Shih Chun), sentados en un cine, se ven a sí mismos (treinta y tantos años más jóvenes) como personajes de ficción en una pantalla. En ese gesto, los actores ponen en juego una mirada que les será devuelta, lo que, inevitablemente, nos remite a nosotros. El cine nos muestra el mundo como un regreso a uno mismo. Una puesta en escena en la que la imagen, para completarse, deberá construir de nuevo al espectador, quien se enfrenta así a un proceso de transformación incierto. Tsai lo deja bien claro en el título de su última película: “tu cara”. Todas las caras acaban por ser la nuestra.

 

Como en Goodbye Dragon-Inn, Tsai devuelve la mirada a los espectadores y hace que la propia ficción ocupe nuestro lugar de sujeto expectante, revelándonos nuestra condición espectral. Por eso las butacas al final de Goodbye Dragon-Inn están vacías, porque los fantasmas no se reflejan en un espejo. Y por eso Your Face, de forma análoga, se cierra con otro escenario vacío, aquel en el que han sido retratados los protagonistas de la función. Su ausencia revela nuestra presencia. El último retratado eres tú. Si el rito sólo existe en una colectividad, del mismo modo el tiempo individual sólo existe en la participación de algo que lo supera. Tsai vuelve a apelar pues a una memoria colectiva, esa que, como indica el título original de Goodbye Dragon-Inn (Bu San), “no se dispersa”.

Aunque el llanto interminable de Yang Kuei-mei al final de Vive l’amour (1994) pueda interpretarse como un precedente, la novedad que nos depara Your Face está en cómo su autor se sirve del rostro en primer plano para despertar nuestra conciencia comunitaria, así como para llevar a cabo su habitual desbordamiento temporal. Un proceso que nos remite, irremediablemente, al concepto de “rostridad” de Deleuze.

Reflejos en la “rostridad” deleuziana.

 

“El rostro es redundancia”, dice el filósofo francés. No deben extrañarnos pues las largas exposiciones a las que Tsai lo sujeta. Cada rostro que vemos en Your Face, aun guardando silencio, está trabajando para que su subjetividad y la nuestra puedan manifestarse. Todos ellos constituyen “espacios de resonancia” que, partiendo de una realidad dominante, seleccionan sus propias percepciones. “El rostro construye la pared que necesita el significante para rebotar, constituye la pared del significante, el marco o la pantalla”, prosigue Deleuze. Y esto queda de algún modo explicitado no sólo en Your Face, sino también  en las mencionadas Vive l’amour y Stray Dogs. Recordemos que en esta última el muro se hace visible después de un larguísimo plano de la pareja protagonista. Pese a permanecer inmóviles y callados, no podemos dejar de mirar sus caras, “paredes blancas con agujeros negros”, que diría Deleuze. He aquí la resonancia, el rebote, la subjetividad, el tercer ojo.

Uno de los retratados de Your Face comenta que la cámara hace que todo parezca diferente. Y, efectivamente, más allá de cómo este elemento extraño altera la percepción de quien se enfrenta a él, el efecto posterior que tiene en el espectador la visión en una gran pantalla de un primerísimo plano de un desconocido, capturado por una cámara, lo transforma todo: su rostro se convierte en un paisaje que escrutamos y en el que nos acabamos perdiendo. “El rostro es por naturaleza primer plano” y el primer plano cinematográfico trata el rostro como un paisaje.

¿Y qué nos dice Your Face de la época en que vivimos? Ahora que los “quince minutos de gloria” a los que hacía mención Warhol están mucho más al alcance de todos, ahora que jóvenes youtubers e instagramers nos asaltan a cada momento, en la era del selfi sonriente y la incontinencia verbal del aspirante a influencer, Tsai le da la voz (o la oportunidad de la misma) a personas mayores que no tienen nada que decir o, mejor, que podrían contarnos mil cosas, pero no les apetece hacerlo. Para ellos, la cámara no es una invitación a hablar ni una oportunidad de venderse como un producto. Tsai puede estar interesado, como dije al principio, en la interpretación como algo inherente al hecho de ser filmado, pero en ningún caso en la búsqueda del estrellato. Los personajes de Tsai, también aquí, “caminan” despacio, no tienen prisa. Si el rostro es primer plano, lo es con su vacío y su aburrimiento. Para Deleuze el rostro es incluso “inhumano” y nuestro destino, escapar a él, deshacerlo y devenir así imperceptibles, clandestinos.

Tal parece ser el propósito de Your Face en particular y del cine de Tsai Ming-Liang en general, por lo menos, desde hace unos años: trascender el cuerpo. En la serie Walker, que mencionaba al principio de este artículo, lo que hace el monje no es más que una técnica de meditación budista, llamada khinin, consistente en andar al ritmo de la respiración. De este modo, el cuerpo se vacía como el bambú. Nada nos ata. Se camina con el espacio y con el mundo entero. Cuando uno hace khinin, todo el mundo lo está haciendo. Lo que ha hecho Tsai en Your Face es llevar esta misma filosofía a su oficio como cineasta y a la tiranía del rostro. Cuando el espectador mira “despacio”, todo el mundo lo hace, cuando el cine retrata a una persona, nos está retratando a todos.

© Xavi Romero, septiembre 2019