POKÉMON, TRUMP Y EL HOMBRE CON RAYOS X EN LOS OJOS

Xavi Romero

GAMIFICACIÓN Y NUEVAS REALIDADES

 

En la antigua Grecia, en un duelo entre los pintores Zeuxis de Heraclea y Parrasio de Éfeso, el primero mostró un bodegón con unas uvas tan perfectas que varios pájaros bajaron e intentaron picotearlas. Al pedirle a Parrasio que, a continuación, corriera él la cortina que cubría su lienzo, Parrasio reveló que la cortina era, en realidad, su pintura. Zeuxis tuvo que reconocer su derrota. Él había engañado a unos pájaros, mientras que su contrincante le había engañado a él mismo.

 

Me viene a la mente esta historia, que Lacan citó una vez para hablar de la seducción que ejerce en el ser humano lo que está oculto, al leer a John Hanke, creador de Pokémon Go, hablando con escepticismo sobre las supuestas innovaciones en el campo de la Realidad Aumentada de los nuevos smartphones de Apple, el iphone8 y el iphone X, presentados el pasado 12 de septiembre. Hanke diferencia entre realidad virtual, meros efectos visuales que nos conectan a periféricos y subyugan a la tecnología, y esa realidad aumentada, aún en pañales, que nos deberá conectar con el mundo físico 1 .

 

Casos como Pokémon Go, donde perseguimos aquello que pretendidamente está al alcance de todos y, sin embargo, se nos oculta, muestran cómo la gamificación ha llegado a alterar los lazos entre lo público y lo privado. De pronto, los ciudadanos nos vemos incluidos en la “ampliación” de una privacidad ajena. La presencia (y posterior prohibición) de pokémons en Auschwitz alimentó, por otra parte, el eterno debate sobre el espacio urbano que, sometido ya a una operación de desmemoria, acaba convertido también en parte del negocio pero sin derecho a una parte de los beneficios.

 

Pero, efectivamente, como apunta Hanke, colocar un objeto virtual en un espacio físico, no es realidad aumentada, es sólo un divertimento. El peligro del fenómeno de la gamificación está en su aplicación laboral: dominado por el capital privado, se está utilizando para conseguir trabajadores más “motivados”, lo que se traduce en una mayor competitividad e, incluso, horas de trabajo no remunerado. Más allá de la máxima de Marx (“el trabajo conduce a la alienación”), estamos inmersos en un proceso de desconexión con nuestro entorno y de auto-explotación que alimenta a un monstruo financiero.

 

CORMAN Y CARPENTER: DESCONECTANDO DE LA REALIDAD

 

Dos películas que nos advirtieron, de alguna manera, del “trampantojo urbanístico”, de los peligros de alienarse del espacio que habitamos, son El hombre con rayos x en los ojos (Roger Corman, 1963) y Están vivos (John Carpenter, 1988). En el film de Carpenter, un activista que aparece abruptamente en televisión, lo resume muy bien: somos cómplices inconscientes; vivimos en un estado hipnótico cuyo propósito de control pasa por aniquilar nuestra conciencia. No es casualidad que la débil señal pirata con la que los rebeldes consiguen introducir, a duras penas, sus mensajes a la sociedad, produzca dolor de cabeza: es lo que tiene pensar.

 

La desconexión puede producirse a través de una superposición o, incluso, de una saturación visual. Están vivos es un ejemplo claro de lo primero. La supuesta realidad es, de hecho, una capa que oculta una larga serie de mensajes subliminales: obedece, consume, cásate y reprodúcete, mira la televisión, confórmate. Carpenter nos habla de cómo lo que nos rodea nos empuja, sin darnos cuenta, a llevar un tipo de vida determinado, de cómo nos negamos a ver (cfr. ese momento en que el amigo de John Nada rechaza ponerse las gafas que permiten ver, lo que desemboca en una larga pelea, tan absurda como divertida). Por su parte, El hombre con rayos x en los ojos denunciaba, dos décadas y media antes, la soberbia de querer ver más que los demás. Las buenas intenciones del Dr. Xavier, que experimenta consigo mismo para desarrollar una visión sobrehumana, quedarán pronto en entredicho. La pérdida de control sobre su poder, le llevará a la saturación de la imagen.

 

Ambas películas inciden en el carácter peligrosamente adictivo de sus “inventos”. En Están vivos, las gafas que hacen visibles a los alienígenas y su aparato de control también producen dolor de cabeza, y John Nada advierte a su amigo que “son como una droga”. En El hombre con rayos x en los ojos este tema es absolutamente central. El Dr. Xavier no se conforma con salvarle la vida a una paciente, y su deseo de ver cada vez más allá acabará borrando la vida que lo rodea. Así, cuando empieza a entender los estragos que ha causado en él su experimento, en plena fuga en coche, su voz nos describe perfectamente la ciudad tal y como él la ve: “la ciudad de los muertos” 2 . Antes, en un juego de cartas, su prepotencia le condena, y en la feria, donde trabaja por un tiempo como vidente, es incapaz de reconocer a su compañera Diana, quedando así en evidencia la terrible paradoja: ver demasiado le impide ver.  ¡Lo que daría por ver la oscuridad!, acabará confesando.

 

Este juego entre lo visible y lo invisible nos habla, desde luego, de la sociedad de consumo y del fascismo. En el relato corto Eight O´Clock in the Morning, de Ray Nelson, en que se basa Están vivos, se usa explícitamente el término “despertar” para lo que experimenta el protagonista, tras una sesión de hipnotismo en la que, por accidente, despierta “de verdad”, y empieza a ver a los invasores, así como todos sus métodos de control y represión. En El hombre con rayos x en los ojos, un feriante revela la tentación del poder: si supiera su truco, obligaría a la gente a hacer lo que yo quiero.

 

Pero volviendo a los espacios “tapados”, no puedo evitar la referencia a mi ciudad, una Barcelona invadida y saturada. Son innumerables los cines, tiendas de discos y pequeños comercios familiares que,  en los últimos años, han sido substituidos por Zaras o bubble tea’s taiwaneses. Lo triste es que los edificios substitutos, al contrario que los substituidos, no son generadores de recuerdos, no establecen una relación con el ciudadano, lo que provoca una evidente despersonalización del espacio. Tiene cierto sentido, pues, que hayamos acabado aumentando su realidad. El problema es que las “nuevas capas” dificultan, aún más, la visión del espacio real, porque este sigue ahí. Cuando un Zara ocupa el espacio de un antiguo cine, este último no desaparece del todo. Permanece, por lo menos durante un tiempo, su huella, su fantasma, nuestros recuerdos. Sin embargo, nos hemos acostumbrado a la substitución, a un mundo portátil, móvil. Quizá por todo ello, porque ahora sobrevivimos al paisaje que nos rodea, Perejaume asegura que mantenemos una relación trágica con el territorio y que, en términos panorámicos, sólo nos sentimos representados por un paisaje narrativo, es decir, cambiante 3 .

 

THE ENTIRE HISTORY OF YOU Y LA SOCIEDAD DE LA TRANSPARENCIA

 

Otro salto de veintitantos años, nos lleva a The Entire History of You (2011), tercer episodio de la primera temporada de la serie Black Mirror. En este fantástico relato, la mayoría de los humanos tienen un chip implantado detrás de la oreja que les permite grabar todo lo que perciben sus ojos, lo que les lleva a acumular un archivo de su propia vida que pueden reproducir cuando quieran, creando incluso la ilusión de estar reviviéndolo. Entramos así en un tercer grado de la anulación de la persona, al perder su capacidad de modelar los recuerdos a su antojo. El método de control expuesto en Están Vivos ya está dentro de nosotros, y lo invisible (la memoria) se muestra impúdicamente, aniquilando la capacidad de imaginar (pienso ahora en el Dr. Xavier contemplando los cuerpos desnudos de los invitados a una fiesta, en una escena de El hombre con rayos X en los ojos) a través de un nuevo exceso de visión.

 

Todos estos ejemplos conducen, cada vez con mayor precisión, a lo que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han denomina “la sociedad de la transparencia”, en la que el control ya no se ejerce tanto desde un poder opresor sino que es auto-impuesto 4 . Una sociedad que predijo Aldous Huxley: sobre los hombres de su “mundo feliz” no se ejerce coerción alguna pues son condicionados desde su nacimiento para amar su servidumbre. Y ese es el sistema totalitario más eficaz. La transparencia permite que todo sea visible y la verdad pierde así su valor. La paradoja es que, como ocurre con la visión del Dr. Xavier, a mayor transparencia, mayor opacidad. Así, del exceso de “verdad” nace la post-verdad (de la que Donald Trump y sus “alternative facts” son un claro ejemplo) y se nutre la corrección política con la que los ciudadanos nos auto-controlamos.

 

Lo que no cuenta Huxley es que para llegar al imperativo de la transparencia, ha sido preciso perder antes la confianza (sólo se puede confiar cuando no se sabe todo). Han defiende que la transparencia surge de la sociedad de la exposición, una exposición indiscriminada que elimina el valor de culto de las cosas, que las reduce a mercancía. Así, todo se expone, nosotros nos exponemos, nos desnudamos y la desnudez lo simplifica todo, mata la fantasía y, por tanto, el placer auténtico. La necesidad de registrarlo todo es, como tuiteaba el ensayista bielorruso Evgeny Morozov hace un par de años, consecuencia de una hiper-alienación, fruto del capitalismo, que nos convierte en eternos turistas 5 .

 

Saberlo todo parece muy apetecible, en primera instancia, pero es el germen del autoritarismo. La sociedad actual, con razón, ha perdido la confianza en los políticos. Pero, además, ha sido condicionada para amar un complejo sistema de control que va unido a un vacío de sentido, una transparencia ciega. Y Donald Trump es, en definitiva, el máximo exponente de todo ello. Trump es lo que una espesa capa de buenas formas y palabrería no nos dejaba ver. Y ahora que podemos verlo, queremos arrancarnos los ojos.

© Xavi Romero, septiembre 2017

1 Hanke, John, 12 de septiembre de 2017. https://medium.com/@johnhanke

 

2 Remite así, sin querer, a lo que supuestamente exclamó la mujer de Wilhem Röntgen al ver el esqueleto de su mano, en la primera imagen tomada con rayos X de la historia, en 1895: “¡He visto mi muerte!”.

 

3 Perejaume, L’obra i la por. Barcelona: Galàxia Gutemberg. Cercle de Lectors; 2007.

4 Han, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia. Barcelona: Herder Editorial; 2013.

5 Hyper-alienation from contemporary capitalism turns us into eternal tourists. Hence the ubiquitous urge to selfie everything (Evgeny Morozov, tuit publicado el 22 de marzo de 2015).