FOBIAS Y CINE EN TIEMPO DE VIRUS

¿Cuántas cosas cambiarán cuando salgamos de nuevo a la calle? ¿Habrá nuevos miedos? ¿Se acentuarán otros que ya existen? Lo que ahora es seguro es que el miedo se ha instalado en nuestras vidas con la llegada del Covid19. Miedo a enfermar, a que personas queridas enfermen y mueran. El miedo es un arma muy potente y peligrosa.

Al miedo irracional lo denominamos fobia, un trastorno de ansiedad que transmite un miedo injustificado. Produce una serie de respuestas cognitivas, fisiológicas y conductuales, basadas en el miedo a morir. Su origen radica en la parte más primitiva del cerebro, lo que consigue bloquear nuestra vida en cuanto a irracional, a inexplicable. Una terapia cognitiva conductual permite al sujeto exponerse a su miedo y enfrentarlo.

El experimento es el siguiente: tomar algunos miedos que podrían invadirnos al acabar la crisis y enfrentarlos a algunas de las películas que llevo vistas (legalmente / casi) desde mi confinamiento. Algo arbitrario, claro. Pero seguiré una metodología, heredada del “Atlas Mnemosyne” de Aby Warburg, que permita interpretar las posibles conexiones entre diferentes elementos, una cartografía abierta y una red de relaciones completamente arbitrarias, pero conexiones al fin y al cabo. De esta manera, dejo abierta la experiencia crítica al resto de lectores. Al final tienen los links a las películas. Vamos allá.

Hatefobia: Miedo irracional al contacto físico.- Será uno de los miedos que se desatará de inmediato por el pavor a volver a contagiarse. En ¿Dónde está mi cuerpo? (2019) de Jérémy Clapin una mano (con su propio punto de vista) busca su cuerpo perdido. La búsqueda, en su concepto más existencialista, es el motor narrativo de una película extraña como estos tiempos. La búsqueda se convierte en el antídoto ante la pérdida. El contacto se produce aquí mucho más desde el recuerdo del cuerpo compartido que desde la posibilidad del reencuentro. Ponernos en contacto, buscarnos y encontrarnos será uno de los retos tras la pandemia.

Enoclofobia: Miedo irracional a las multitudes.- Me pregunto si esta soledad a la que nos vemos forzados traerá después un miedo a encontrarse en multitud. En Balnearios (2002), del argentino Mariano Llinás, la narración se pasea por balnearios abandonados, cerrados y en decadencia. Solo el recurso de las historias inventadas de Llinás permite a esos lugares volver a la vida. En las imágenes de archivo multitudes se concentran en esos espacios de vacaciones, espacios llenos y huecos de sentido al mismo tiempo. En esas historias fabuladas y llenas de personajes misteriosos reside el antídoto a la enoclofobia, la solución que las historias nos proveen, la salvación a nosotros mismos en la multitud.

Cainolofobia: Miedo irracional a la novedad.- Después de tanto tiempo encerrados y ante esta crisis mundial es evidente que muchas cosas van a cambiar. ¿Será lo nuevo un foco de terror? ¿Será lo antiguo, lo atávico, una forma de escape? En Los sonidos de la soledad (2015) de Cristina Ortega, un grupo de mujeres mayores, enclavadas en la meseta castellana, nos da algunas pistas de lo que debemos volver a aprender, como a recoger leña, plantar semillas, quitar las malas hierbas... pero también a dar valor a un congelador lleno de comida, una partida del solitario acabada, al teléfono como contacto con el exterior. De esa vida que nos parecía vieja y que quizá ahora podemos empezar a valorar y a aprender de ella desde una vieja/nueva necesidad. Dice una de las mujeres: "31 años sola aquí. Estoy enseñada a todo".

Pero si lo que quieren es perder esa fobia a la modernidad en clave de comedia, veánse Los Montes (1981) de José María Martín Sarmiento. Considérenlo un bonus track de este experimento contra la cainolofobia. Me lo agradecerán.

Claustrofobia: Miedo irracional a los espacios cerrados.- Acostumbrados a semanas confinados en pocos metros cuadrados con parejas, hijos, suegros, abuelos... ¿se acentuará esta fobia en el futuro? Una isla es una buena metáfora para un confinamiento. No hay adonde ir. Cuanto más pequeña la isla, mayor la sensación de encierro. La que visita el documentalista chileno Ignacio Agüero en El viento sabe que vuelvo a casa (2016) de José Luís Torres Leiva está dividida en dos partes, la de los colonos y la de los indígenas, históricamente enfrentadas. Agüero quiere hacer una película a partir de una leyenda. Una pareja de enamorados, cada uno de una parte diferente de la isla, se casan y abandonan la isla. Pero esta es la ficción que le sirve a Leiva para acercarse a los habitantes y dialogar con ellos de estos temas y de tantos otros. De ese diálogo, de esa comunicación es de donde sacan fuerzas isleños y no isleños para destruir el muro de su aislamiento. La comunicación, tanto a través del relato mágico como de las acciones de cada día, es la forma de presentar un cine abierto a un mundo que solo es aparentemente cerrado.

Ergofobia: Miedo irracional a trabajar.- Nos hemos quedado sin trabajo en un plis plas. Habrá hasta quien se acostumbre. Eso si es que dispone de ahorros, herencias o subsidios. Como se alargue mucho el parón, habrá para algunos cierto horror a volver al trabajo. ¡Se está tan bien en la cama! El mundo del trabajo y esos ascensores que igual que suben, bajan, es lo que mueve a los hermanos Pastor en su película Hogar (2020). En este caso el protagonista ha de tomar el ascensor que lo llevará de la cúspide del sistema al inframundo del paro y de la desestructuración familiar y de su propia salud mental. Ese éxito, representado por el gran coche, el gran apartamento, las actitudes serviles de los subalternos, se convierte en lo que hay que recuperar a costa, eso sí, de perder lo poco de humanidad que tenía el personaje. Contra esta fobia pareciera sensato no caer en la ambición de la escalada a cualquier precio. ¡Vayan pues a trabajar pronto!

Peniafobia: Miedo irracional a la pobreza.- Es lo que nos puede suceder si el miedo anterior nos atenaza. O si es que no vamos a salir de esta pandemia sino con los bolsillos vacíos. Miles de nosotros definitivamente vamos a ser más pobres. Los habitantes de la cité de banlieu parisina de Los miserables (Ladj Ly, 2020) son pobres y marginados por una sociedad que les construye un gueto donde confinarlos sin aportarles ningún consuelo. Un grupo de policías al límite de lo legal convive con mafias, sectores ultra religiosos y fanáticos y niños que buscan un lugar que no van a tener. Ser pobre es una maldición que tiene que ver con el color de tu piel, religión o clase social. No hay salida, es la desazón de esos personajes lo que explica actos terroristas o respuestas violentas a preguntas violentas. Si tienes peniafobia, mejor no veas esta película.

Bien, aquí acaba este experimento en tiempos de Coronavirus. Sigan viendo películas, sigan poniéndolas a dialogar, y que entre ellas y el mundo que nos envuelve promuevan nuestras reflexiones, esperando que pronto podamos darnos un abrazo real, libre de todas las fobias.

© Julio Lamaña, abril 2020

 

¿Dónde está mi cuerpo? (2019) Netflix.- https://www.netflix.com

Balnearios (2002).- https://youtu.be/mARvfpsXu6I

Los sonidos de la soledad (2015) https://vimeo.com/257196744

Los Montes (1981) https://vimeo.com/401621720

El viento sabe que vuelvo a casa (2016) https://vimeo.com/400035172

Hogar (2020). Netflix.- https://www.netflix.com

Los miserables (2020).- Inconfesable