Susurros de ekobios y performancias: un llamado de la ancestralidad afrocolombiana

Ekobio, cortometraje realizado por los artistas Calderón & Piñeros (Elkin Calderón y Diego Piñeros) hizo parte de la sección “Gesto decolonial” de la edición 24 de la Muestra Internacional Documental de Bogotá-MIDBO, después de su paso por varios festivales internacionales.



Para narrar la historia del exilio del pueblo negro, Manuel Zapata Olivella pasó las noches desnudo en una prisión africana donde cientos de años antes sus ancestros fueron recluidos, encadenados y obligados a migrar a América. Fueron los ekobios quienes, en medio de esas ruinas, le susurraron cómo debía escribir la novela. Hoy son esos mismos ekobios quienes se funden en la pantalla y, recorriendo el camino de las palabras de Zapata Olivella, nos cuentan de nuevo una historia sobre el pueblo negro.


Inspirado en Changó, el gran putas, una novela de Zapata Olivella, antropólogo y escritor afrodescendiente, Ekobio (2022) es un cortometraje documental realizado por los artistas Calderón & Piñeros (Elkin Calderón y Diego Piñeros). La película es el resultado de improvisaciones y reinterpretaciones personales que realizó cada uno de los actores sobre el texto: Adish el actor, Seny la sonidista, la actriz Alexandra y Masire el autoproclamado director. Esta novela narra la diáspora africana en América y nos sumerge en la cosmovisión y tradición yoruba. Está cargado de referencias mitológicas que dejan ver el peso de las cadenas, la degradación y los horrores por los que tuvieron que atravesar los esclavizados en los mortuorios viajes trasatlánticos.


“La verdad y la leyenda se confunden en los recuerdos del capitán: los levantamientos de esclavos durante las travesías, las bodegas incendiadas, los negros hambrientos devorándose unos a otros, los tripulantes holandeses de una nao negrera ahora esclavos de sus antiguos prisioneros”.


Changó, el gran Putas, Manuel Zapata Olivella (1980)


Esta película, rodada en Cartagena, es un viaje performático por la ancestralidad negra colombiana. Vemos cuatro ekobios que están grabando una película. Todo el tiempo mantienen discusiones sobre la finalidad del film. ¿Cómo será esa película? ¿Cómo la recibirá la gente? Mencionan constantemente la llegada de un periodo de renacimiento negro en el que los ancestros se regocijen y los ekobios sean los vencedores.




Es inevitable no nombrar la presencia de lo blanco, “de los blancos”, sobre cuyos hombros pesa la crueldad de la colonización y los horrores a los que fueron sometidos los ekobios. Se busca que esa película que están grabando no sea una forma de blanqueamiento en la que la identidad negra sea nuevamente sometida al escrutinio de la raza: “Nuestro pueblo se convertirá en un circo con payasos negros para hacer reír a los blancos”, expresan con preocupación. La película siembra la pregunta por “nombrar al negro” y la posibilidad de usar otros términos (como los ekobios) para referirse más allá de una cuestión puramente fenotípica. Entre ellos alertan sobre la posibilidad de confundir a los blancos con los negros y poder distinguirlos fuera de su color de piel.


Este es un documental construido desde la performatividad donde los cuerpos cumplen un rol central. Es una extraña puesta en escena cargada de simbolismo en la que son cuerpos racializados los que se posan ante las cámaras. Solo los vemos a los cuatro en medio de grandes paisajes del Caribe, mientras que su voz en off va siguiendo el curso de la narración. Es un gran performance en el que cada uno de ellos posa ante las cámaras, se detiene y moviliza, acentúa sus gestos y los repite con gran teatralidad. Logran transmitir la sensación de que todos hacemos parte de un ritual. La película nos cubre con un manto de sacralidad negra en la que sentimos la furia de Los Orichas y el gran Changó.


El documental entabla un diálogo profundo con el paisaje, de donde se construyen las imágenes más poderosas. Situada en Bocachica, la zona insular de Cartagena, la película nos muestra largos planos contemplativos del mar y los atardeceres del Caribe. La Muralla se convierte en una de las protagonistas, sin embargo, está lejos de ser el gran atractivo turístico al que nos han acostumbrado. En su lugar, solo vemos ruinas, grandes piedras devoradas por la arena y la maleza que chocan constantemente con el agua. Es la imagen de una Cartagena distinta, atemporal, hogar de los ekobios, donde se cosechan las palabras de Zapata Olivella.



Vemos en un momento una gran nave de carga que pasa frente a los personajes, quienes parecen inmutables ante semejante barco, observan con calma, casi impotentes, cómo llega e irrumpe en el paisaje. Es una imagen profunda que resuena sobre el exilio, la diáspora del pueblo negro, la colonización y la esclavitud. Es un barco que trae consigo las historias macabras y la memoria de los cuerpos masacrados de los ancestros.


“Adentro, apretados bajo el techo, sin ventanas en los muros, los sobrevivientes esperan que los compradores de esclavos vengan por su mercancía. Unos sobre otros, huesos sobre piedras, se apilonan hambreados. Dos veces al día nos reparten agua y una vez los puñados de harina de yuca, un plátano y muchos azotes al que mendigaba algo más”


Changó, el ran Putas, Manuel Zapata Olivella (1980)


Ekobio, el documental, y los ekobios que dan forma a la película, tejen un entramado audiovisual con el enorme trabajo literario de Zapata Olivella y las interpretaciones que hacen cada uno de los actores a través del dispositivo de “grabar una película”. Son un gesto poético que nos invita a mirar dentro de la historia de la conciencia negra y las narrativas de la colonización. Ponen el lente en los vestigios de las geografías de la esclavitud y en los cuerpos racializados para crear un gran performance de la colonialidad.


© Laura Arias, noviembre 2022


*Texto elaborado en la segunda versión del Laboratorio de Escritura sobre Cine Documental de la 24 MIDBO y coordinado por Valentina Giraldo Sánchez y Pedro Adrián Zuluaga.