L’Alternativa 2020 (2ª parte).

Del vacío a la tierra: economía y trabajo.

Notas sobre Merry Christmas, Yiwu, Oeconomia, A Febre y Camagroga.



Las formas de trabajo resultantes de la globalización han sido ejes centrales de L’Alternativa en pasadas ediciones. En 2020 la pandemia ha impuesto confinamientos y restricciones de movilidad que han tenido como consecuencia la virtualización de gran parte de nuestras actividades cotidianas. Parece que esta coyuntura ha acelerado la implementación de tecnologías que simplifican procesos y reducen gastos, pero a costa de la pérdida de contacto, no sólo entre nosotros sino también con nuestro entorno. Un eje de películas programadas en la última edición del certamen sintomatiza esta desconexión. Aunque también traza la posibilidad de resistir y regresar al contacto. Son imágenes que miran nuestra relación con la economía y el mundo laboral y señalan fracturas cada vez más visibles.


Riqueza y vida


El segundo documental Carmen Losmann, Oeconomia, plantea una pregunta simple: ¿Cómo se genera el beneficio económico? Para resolver esta cuestión y explorar el origen invisible del dinero la directora indaga en instituciones relevantes como Deutsche Bank o el Banco Central Europeo. Las escenas que muestran procesos de concesiones de créditos y reuniones de directivos son recreaciones. Nunca asistimos a momentos de toma de decisión reales. Los testimonios y las entrevistas trazan un mapa plagado de círculos vacíos en constante danza. El deudor se erige como figura central del capitalismo actual, un sistema que subsiste mediante una expansión continúa de la deuda. Queda lejos la importancia de los bienes tangibles. El intercambio de dinero es también irrelevante. Sólo importa la deuda.

Oeconomia articula la esencia de este modelo económico con imágenes que reconstruyen conversaciones y que funcionan como la superficie de los edificios de cristal de las sedes bancarias. Son transparentes, limpias y reflejan la presencia humana sin llegar materializarla. La actividad cotidiana y real queda reducida a un destello intangible, entre la aparición y la desaparición. Son imágenes que trazan un simulacro: el del beneficio económico.



Merry Christmas, Yiwu también desmonta espejismos. El documental de Mladen Kovacevic explora la vida de los trabajadores de una de la ciudades más ricas de China, donde se produce la decoración navideña de buena parte de Europa. Las fábricas de Yiwu resultan ser la trastienda capitalista de las idílicas postales donde vemos duendes sonrientes empaquetando los regalos que repartirá Papá Noel. Sólo que aquí vemos a grupos de operarios que pintan bolas de cristal y montan apliques festivos a mano. La productividad impone trabajo repetitivo y masivo durante jornadas interminables, obligando a los trabajadores a dormir en la fábrica. Todos parecen aceptar la artificialidad impuesta por estas condiciones de trabajo, en pos del éxito y la riqueza. Las breves conversaciones, las confesiones en mensajes de texto y las sesiones de karaoke articulan otra realidad paralela, entre lote y lote listo para enviar a occidente. Tras la purpurina navideña y la celebración constante de la bonanza económica asistimos a instantes de desahogo. Es ahí donde se subliman los anhelos reales de los protagonistas. La vida palpita en el brindis de una borrachera, en la letra de una canción que jura amor eterno o en la visita a unos familiares en el campo. La vida se abre camino lejos de la productividad.


Regreso a la tierra



A Febre, la opera prima de la realizadora brasileña Maya Da-Rin, se inicia con un choque. El film arranca con un mapa sonoro repleto de insectos y hierba que nos remite a la jungla. La imagen que responde a estos sonidos es la de su protagonista, Justino, un vigilante portuario de Manaus, originario de la tribu Denasa. Desde hace un tiempo siente un ligero malestar que no sabe definir. Un cansancio pegajoso y febril le ronda y se intensifica a medida que se altera su cotidianidad. La futura partida de su hija, las amenazas de despido de su empresa tras años sin cotizar y las tensiones racistas con un compañero de trabajo descentran a Justino. La fiebre que padece puede entenderse como un estado de combustión interna ante un mundo que lo amenaza constantemente, al igual que el felino que a veces cree ver persiguiéndole.

El personaje resuelve estos choques regresando al territorio de su tribu. En la última secuencia de la película le seguimos en su barca para, posteriormente, verlo adentrarse en la selva amazónica. Maya Da-Rin filma este instante con un plano fijo que se mantiene tras la desaparición de Justino. El espectador no puede asegurar si ha asistido al ocaso del personaje o al inicio de un acto de resistencia. El plano queda vacío, sólo con la presencia de la naturaleza que mira callada al espectador, quizás a la espera de que también nos adentremos en ella para sanarnos.



Esta resistencia anclada en la naturaleza es también central en Camagroga, la segunda incursión en el documental de Alfonso Amador. El director emplea un formato cuadrado que remite a los orígenes del cine para mirar la huerta valenciana y el cultivo de la chufa como si lo descubriera por primera vez. La elección del formato de la película explicita la presencia de la mirada que observa, no sólo el campo sino también a sus habitantes.

Una de las ideas centrales de Camagroga es la de transmisión, al capturar el relevo generacional entre Antonio y su hija Inma pero también al incluir la mirada de Marc, que descubre el oficio de su abuelo. No sólo se transmite el conocimiento de una profesión. También se transmite una forma de vida enfrentada a los mecanismos de la globalización. De ahí que las secuencias que recogen minuciosamente el trabajo de los labriegos, se alternen con paisajes de la huerta en constante tensión con los edificios de la ciudad, que se asoman a lo lejos. El gesto político del film se construye en la continuidad del trabajo de la tierra, en los agricultores que resisten y cultivan comida al margen de un sistema de producción masivamente industrial. Este retorno a la tierra queda abierto. Su prolongación en el tiempo nos invita a rendirnos al contacto con lo tangible. Porque el peso del trabajo es real, aunque ahora tenga que hacerse desde el espacio virtual de un ordenador.


© Mariana Freijomil, diciembre 2020